CHA pedirá a Patrimonio la inspección del tramo de muralla derrumbada de Zaragoza.

El portavoz del grupo municipal de Chunta Aragonesista (CHA) en el Ayuntamiento de Zaragoza, Juan Martín, ha explicado que solicitarán “formalmente” a Patrimonio del Gobierno de Aragón una inspección del tramo de la muralla medieval de la ciudad que se ha derrumbado este jueves, en su opinión, “por la dejadez y desidia absoluta” del equipo de gobierno municipal en la conservación del patrimonio.
   En rueda de prensa, Martín ha subrayado que en los últimos cinco años las partidas destinadas a conservación se han recortado “un 80 por ciento” y la inversión en esta materia, en las partidas previstas en el Plan Integral del Casco Histórico, ha pasado de casi 1,2 millones de euros en 2008 a 260.000 euros el pasado año.
   Juan Martín ha remarcado que “la dejadez a la hora de cuidar del patrimonio en el Casco Histórico es evidente” y ha opinado que este tramo de muralla se ha derrumbado “por la inacción” del equipo de Gobierno.
   De hecho, ha observado que el andamio que reforzaba la pared de la muralla en la calle Alonso V “llevaba un mes colocado”, según han comunicado a este grupo trabajadores municipales, por lo que “la intervención ha sido lenta”.
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El portavoz de CHA ha indicado que la inversión ejecutada en conservación de patrimonio en el Casco fue de 1.155.000 euros en 2008 y esa misma cantidad en 2009; 920.000 euros en 2010; 418.879 euros en 2011 y, finalmente, 260.000 euros el pasado año, cifras que “dejan patente la dejadez y desidia absoluta en el cuidado del patrimonio en la ciudad”, ha recalcado.
   Asimismo, ha advertido de que según el artículo 104 de la Ley de Patrimonio del Ejecutivo autónomo lo ocurrido con la muralla medieval de la ciudad supone “una infracción muy grave”, multada con cantidades que oscilan entre los 300.000 y 1,2 millones de euros.
“CONTINUADA DEJACIÓN”
   Por ello, “solicitaremos formalmente una inspección a Patrimonio del tramo de la muralla” afectado por el derrumbe, porque además se trata de un bien de ‘interés monumental’ y su protección “está aún más reforzada”.
   “Lo que estamos viendo y viviendo en los últimos cuatro años en conservación es una absoluta falta de interés del gobierno de la ciudad”, una “continuada dejación”, ha lamentado, para apuntar que no se trata de un problema económico dado que sí ha habido “varios millones de inversión en otras prioridades” en el Casco Histórico en los últimos años.
   Por último, Martín ha elogiado a los técnicos municipales porque su trabajo ha permitido “en buena medida” que se conserve el patrimonio de la capital aragonesa y ha resaltado especialmente la labor de la arquitecta Úrsula Heredia porque “hace lo imposible” por cuidar de estos bienes a pesar de los “escasos” recursos.
Zaragoza, en la piqueta.
La fisonomía de la capital aragonesa ha cambiado mucho en los dos últimos siglos. Tras los dos Sitios y la destrucción de muchos de sus edificios, Zaragoza comenzó una transformación hasta llegar a nuestros días en la que su patrimonio ha corrido desigual suerte.
Los ejemplos más recientes son el derribo de los arcos en César Augusto, junto al Mercado Central; el derrumbe de unos 30 metros de la muralla de origen medieval, entre las calle de Alonso V y la de Arcadas; y la intención de derribar las naves de la vieja fundición Averly para construir 200 viviendas por la empresa Brial, actual propietaria de las antiguas instalaciones de este empresa centenaria.

La huella del pasado marca el presente, aunque el recuerdo se difumine con algunos borrones urbanísticos. Lejos queda la memoria de las 12 puertas que guardaban la ciudad -hoy solo se conserva la del Carmen, en el paseo de María Agustín- o la Torre Nueva, derribada en 1893. En 1991 se levantó un memorial en el mismo lugar, obra del escultor Santiago Gimeno Llop. Sin embargo, la obra pareció no cumplir su función y, finalmente, también se derribó en 2002.

La capital del Ebro experimentó sus grandes planes urbanísticos a partir de las primeras décadas del siglo XX, condicionada por la exposición Hispano-Francesa, la industrialización, el aumento de la población, los nuevos medios de transporte y el desarrollismo.
 
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La creación del paseo de la Independencia y sus múltiples remodelaciones -con restos arqueológicos de por medio- o la eliminación de calles y manzanas como en César Augusto y el paseo de Calanda dieron a la ciudad una mayor amplitud, permitieron comunicar el centro con los barrios y crear nuevas avenidas.

Sin embargo, tanto la ausencia como el desacierto en algunas de esas actuaciones acabaron con emblemas de la ciudad como el anfiteatro del Rincón de Goya (parque José Antonio Labordeta), el chalet de la familia Blecua (Santa Terera, 37), la Casa Ostalé (Ruiseñores) o la Casa de la Paz, en Sagasta.

De la piqueta se salvaron en su día la Casa Solans (avenida de Cataluña) y el Palacio de Sástago (Coso), mientras agoniza en César Augusto el Teatro Fleta. Otros permanecen a la espera de su restauración y ocupación, como el palacio de Fuenclara, la Imprenta Blasco, la harinera de San José, la Universidad Laboral o el conservatorio de San Miguel… Es solo el comienzo de la lista de un patrimonio huérfano que a duras penas apuntala la historia de esta ciudad.


El olvido, el abandono y la restauración in extremis, en el mejor de los casos, alterna con la ruina y las decisiones urbanísticas que han llevado a la demolición de buena parte de la historia de la ciudad. 

Heraldo

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