Moncada (Valencia). La Casa Bosch, un jardín con el sabor del legado andalusí

El objeto de nuestra visita era conocer la Casa Frígola, un magnífico edificio posiblemente datado entre los siglos XV y XVI, quizás construido sobre una preexistencia. Actualmente es propiedad de la familia Bosch, que habita allí, y tuvo la amabilidad de mostrarnos su casa. Nuestra sorpresa, al atravesarla, fue llegar a una terraza que forma parte de un huerto-jardín murado que rodea todo el conjunto. La primera impresión fue que se trataba de un huerto utilizado como expansión de la casa, con vegetación escasa y poco disciplinada.
Sólo cuando nos fijamos en los detalles y en la disposición de los elementos que lo componen, en la diferencia de cotas entre unos lugares y otros, el terreno de plantación rehundido, los restos del recorrido del sistema de riego y los canales que comunican los huertos, y la fábrica de ladrillo del muro y los andadores, puede reconocerse claramente la influencia de los jardines de al-Andalus, y aparece ante nosotros lo que creíamos un imposible: el huerto-jardín con todas las características del legado andalusí. La terraza, que abarca toda la fachada posterior de la casa, se articula perpendicularmente por un paseo macizo de 3 varas de anchura (2,80 metros) y atraviesa el huerto de 40 por13 metros aproximadamente, dividiéndolo en dos porciones asimétricas.
Pero lo mas importante es que el terreno de plantación queda rehundido una vara y media (1,40 metros) con respecto al resto. A derecha e izquierda, en los dos tramos de huerto dividido por el paseo, hay plantados actualmente, diferentes árboles frutales, palmeras, etc.

A este nivel inferior se accede por una pequeña escalera de cuatro peldaños situada a ambos lados del paseo transversal, junto a la terraza y lo mismo se repite al final del paseo, junto al muro que envuelve el conjunto. La fábrica de esta tapia, escaleras, paseo,se corresponde con la fabrica de ladrillo del siglo XV-XVI , con alguna variación añadida, seguramente en alguna intervención del siglo XVIII, que se distingue de lo anterior. Aunque su actual estado de conservación es bueno en lo que se refiere a los elementos estructurales que quedan, las especies botánicas y su distribución en el huerto, no obedecen a ningún canon ni parecen tener una intención determinada, lo que dificulta bastante la apreciación del lugar como algo único y de singular importancia.
Por medio de un estudio arqueológico podría llegarse a una idea más precisa del origen y composición original de su estructura que nos permitiera conocer las trazas de elementos que se intuye que deberían existir pero pueden haber sido borrados por el tiempo: caminos perimetrales, alberca si la hubo, recorrido de la red hidráulica, etc. y completarlo con un estudio botánico y de aproximación a las especies vegetales y a la forma que las contenía.
Los antecedentes de este tipo de jardín estructurado a dos niveles, los encontramos en la herencia de la dinastía abbasí o de Bagdad,(750-1258), y en su cultura, introducidas en al-Andalus en época almorávide. Los ejemplos más cercanos los tenemos hoy en el Castillejo de Murcia o en el Alcázar de Sevilla, en donde por excavaciones realizadas en el patio de la Montería, por ejemplo, se sabe que estaba rodeado por un andén perimetral, y el jardín estaba rehundido 1,50 metros.
Se accedía a él por unas escaleras de cinco peldaños situadas en el centro de cada lado, y cabía destacar la ausencia de albercas. Sólo un canalillo que discurría en paralelo al anden perimetral, alimentado por tuberías de plomo, servia para el riego. Cuando se halló esta estructura de patio, se comparó con el del palacio almorávide de Ibn Yusuf, excavado en Marrakech, con un esquema muy similar al de Frígola.

La diferencia de niveles con la que se construían tantos jardines del mundo árabe, estaba pensada para paliar los inconvenientes del sistema de riego por inundación de las tierras, pues al regar los huertos a manta, el recorrido de paseo no se veia afectado por la humedad del suelo. 

Pero no era éste el único motivo, ya que es sabida la sensibilidad tan marcada en cuanto al recreo de los sentidos que caracterizaba a este tipo de jardinería. Esa diferencia de altura, hacía también posible que al pasear se apreciase el aroma de los cítricos y otros árboles frutales, cuyas copas quedaban así al alcance de la mano, con fácil acceso a los frutos que se podían coger incluso sin bajar al huerto.
A este respecto, contamos con la descripción de un jardín construido en la ciudad de Qatai, en Egipto, a finales del siglo IX, en donde ya se cita la plantación de arrayanes de toda clase y árboles y brotes de palmera, de los que se podía coger su fruto tanto el que estuviese de pie como sentado. Este tipo de jardines abbasies tienen fama de ser los mas refinados de la cultura jardinera antigua, y su influencia fue tal, que aún hoy podemos reconocer algunos de sus rasgos en jardines que han perdurado a través de los siglos.
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Y no es de extrañar, puesto que el huerto-jardín en dos niveles prolongaba el paseo al desdoblar el jardín en dos, y los rincones, escaleras, canales de riego y andadores le dotaban de una complejidad que enriquecía el jardín creando puntos de vista nuevos y ambientes muy distintos entre sí. La manera de compartimentar el espacio era clara, ya que , mientras la parte superior era toda pisable, la inferior, en donde se plantaba el huerto, se solía zonificar como huerto de frutales, huerta de productos hortícolas, de aromáticas, etc. estableciendo unos andadores o caminos perimetrales y caminos delimitados, en este caso por tejas, para poder recorrer los huertos.
Los hallazgos de los que hasta ahora teníamos noticia en la Comunitat Valenciana, de este tipo de jardín en dos niveles, procedían de excavaciones realizadas en el castillo de Onda (Castelló) en donde en el transcurso de las obras de restauración del castillo, aparecieron, recientemente (2008-2010) las trazas de un jardín de época musulmana, rectangular, subdividido en cuatro cuadrantes por un crucero interior con recorrido perimetral que servía de andador y que se situaba un metro por encima de los cuatro cuadros destinados a la vegetación. La estructura de este jardín se ha recuperado, y actualmente es visitable junto con el resto del castillo.
También en las excavaciones de la Almoina hay patios con esta configuración a dos alturas en las que la vegetación ocupaba un nivel mas bajo con respecto a los andenes. En ambos casos se han datado en el siglo XII. Pero está claro que esta tipología de jardín se prolongó en el tiempo. Los valencianos Jardines del Real se convirtieron, en el siglo XV y XVI, en el referente de toda Europa.
Las descripciones de los mas antiguos jardines valencianos que se conocen, alguna de ellas del siglo XVI, hacen mas referencia al gran dominio de la técnica de los jardineros en cuanto a formar figuras de topiaria, muros vegetales, cuadros perfectamente recortados, variedad botánica, etc. Naturalmente, estas cosas son efímeras por su naturaleza. En el de Frígola, por el contrario, hemos encontrado un jardín carente de ornamentación y de elementos preciosistas. Por supuesto, no se trata del patio de un Palacio Real, como en los otros casos citados, pero sí del huerto-jardín de una de las casas señoriales mas importantes del momento. El hallazgo de este jardín en Moncada nos proporciona un ejemplo extraordinario al alcance de nuestra vista, de una época de esplendor de la jardinería valenciana de la que, hasta ahora, no teníamos noticia de ningún superviviente.
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