El olvido y la dejadez pasan factura. Algeciras.

Mucha tinta ha corrido para hablar del inmueble que ocupa el número 14 de la calle Cristóbal Colón, una vivienda construida a mediados del siglo XIX, perteneciente al clasicismo popular. Se trata de una pequeña casa, de uso original residencial, de dos plantas entre medianeras.
A pesar de estar catalogado en el grado 3 en el Catálogo de Bienes Inmuebles del Plan General y por tanto protegido, actualmente el edificio se encuentra en un lamentable estado de conservación. Está vallado para evitar posibles daños a los viandantes. A principios del presente año, parte de su estructura del balcón se desplomó.
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La casa dispone de rejerías de hierro forjado en cierro y en el balcón corrido. Su cornisa y recercados de huecos tienen molduras y apilastrados. Destaca su portal con cancela de hierro colado, sus azulejos en zócalo y el recercado de hueco y la barandilla de la escalera de hierro colado. Los cierros son modernos. De hecho, la asociación La Trocha solicitó en el año 2007 que se eliminara el cerramiento de la planta superior y que fuera sustituido por otro más adecuado.
Este colectivo recuerda que ese año los propietarios de la casa solicitaron, en un primer lugar la rehabilitación completa, si bien posteriormente “cambiaron el proyecto y solicitaron que se permitiera conservar solo la fachada ya que el mal estado del interior hacía imposible su rehabilitación completa”. La Trocha añade que en un informe técnico municipal se pidió garantías a la propiedad para que la fachada quedara conservada adecuadamente.
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En mayo de ese año, y en la comisión asesora para la conservación del patrimonio histórico local, se presentó un proyecto de estructura portante para mantener la fachada y el núcleo de las escaleras, con unos zócalos “importantes”.

La propuesta recibe el informe favorable del arquitecto municipal, pero con una serie de condicionantes. Se trataba de mantener la fachada catalogada, demoliendo su interior, una vez que se acepta “la tesis expuesta en el proyecto del mal estado de las condiciones de habitabilidad que reúne el resto de la vivienda”, dice La Trocha. Parece, por tanto, suficiente la estructura auxiliar y portante para estabilizar la fachada y la caja de la escalera durante la obra. Se propone dar licencia, pero antes de iniciar la obra debe inscribirse en el registro de la propiedad la carga urbanística.
Se trataría, con dicha estructura portante, de afianzar la fachada para que sufriera lo menos posible, pasando a repararla con los morteros adecuados. A pesar de la licencia, los trabajos no comenzaron.
Con el paso de los años, el estado de la casa se fue deteriorando de tal manera que a finales de enero de este año se desplomó sobre la vía pública parte del balcón, construido con hormigón ligeramente armado, según dijo en su momento la delegación municipal de Patrimonio. Disciplina Urbanística observó entonces que, independientemente de su antigüedad, se había observado una falta de mantenimiento de la fachada general del inmueble, lo cual había propiciado la filtración de humedades.
No se descartaban más desprendimientos. La fachada fue inmediatamente acordonada por la Policía Local. Disciplina Urbanística ordenó entonces al propietario que “lo antes posible” adoptara las medidas necesarias para evitar un mayor deterioro del edificio. Debía apuntalar y sanear las zonas que estaban a punto de desprenderse.
Sin embargo, hubo ciertos problemas para localizar al actual dueño, que resultó ser la empresa Inversiones Espasur S.L. Entonces se instó al propietario a que comenzara a ejecutar cuanto antes el proyecto que presentó en su momento para recuperar íntegramente la fachada. También se ordenó que se desbrozara, se retiraran los escombros y se limpiara el solar que se encuentra a las espaldas del edificio.
El pésimo estado del edificio es bien patente y su situación ruinosa representa un peligro para el viandante. En junio de este año, el arquitecto José María Villa, consideraba que las vallas colocadas como protección son “totalmente insuficientes” ante posibles desprendimientos. El arquitecto apreciaba en su inspección fisuras, la mayoría verticales, aunque restaba importancia, salvo la localizada en la parte alta en la zona central. También hacía referencia a la oxidación de los forjados de las balconeras.
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